Elon Musk quema miles de millones con xAI mientras levanta su propia infraestructura de IA y apuesta por agentes avanzados
por Manuel Naranjo 1Montar una empresa de inteligencia artificial hoy no va solo de sacar un chatbot y cruzar los dedos. Va de comprar cómputo y energía como si fueses una industria. Y xAI, la compañía de Elon Musk, se ha convertido en un ejemplo claro: está perdiendo miles de millones, pero al mismo tiempo está construyendo infraestructura propia para no depender de terceros.
Los números que ponen el listón de la IA
Según documentos financieros revisados por Bloomberg, xAI habría registrado una pérdida neta de 1.46 mil millones de dólares en el trimestre que terminó en septiembre de 2025, frente a 1 mil millones en el trimestre anterior. En los primeros nueve meses de 2025, el consumo de efectivo habría sido de 7.8 mil millones. Aun con ese nivel de gasto, los ingresos trimestrales casi se habrían duplicado hasta 107 millones de dólares.
Detrás no hay misterio: la IA puntera es carísima porque depende de chips especializados, redes internas de altísima velocidad, refrigeración y un suministro eléctrico estable.
Además, la caja no se sostiene sola. Existe una ronda de 20 mil millones de dólares cerrada a comienzos de 2026, con inversores como NVIDIA, Valor y la Qatar Investment Authority, y de una valoración de 230 mil millones. También se menciona que el gasto mensual estaría por debajo de 1 mil millones, lo que daría aproximadamente un año de margen tras esa última inyección.
De un chatbot a un sistema de agentes
El plan, por lo que se cuenta, va más allá de mejorar Grok. Existe una prioridad interna llamada Macrohard, centrada en agentes avanzados y en el software que los sostiene. La diferencia es importante: un chatbot responde, un agente intenta ejecutar tareas.
Ese salto tiene una consecuencia directa: no basta con entrenar, también hay que operar el modelo con latencia baja y coste controlado. A escala, la inferencia se vuelve una partida tan seria como el entrenamiento.
La pieza central de esa apuesta es Colossus, el complejo de centros de datos de xAI en Memphis, Tennessee. La inversión ha sido de cientos de millones y de una expansión por tres edificios que llevaría la capacidad cerca de los 2 gigavatios. También se menciona el uso de baterías Tesla Megapack y clústeres de hardware basados en NVIDIA.
Con gigavatios sobre la mesa, el debate deja de ser solo tecnológico. Necesitas acuerdos de suministro, capacidad de refrigeración y continuidad de operación. En ese punto, el centro de datos se parece más a una instalación industrial que a un edificio de servidores.

La ventaja de la distribución dentro del ecosistema Musk
La otra cara es la integración. Grok está integrado en X y en vehículos Tesla, además de que SpaceX ha invertido en xAI. La marca de coches eléctricos también intentó tomar participación, pero no logró la aprobación de los accionistas, aunque el consejo seguiría buscando opciones.
Para cualquier empresa de IA, distribución es supervivencia. Si ya controlas plataformas con audiencia y dispositivos conectados, puedes iterar y monetizar con menos intermediarios. La contrapartida es más fricción corporativa y más presión pública sobre cómo se usan estos sistemas.
Ingresos al alza, pero un agujero que sigue abierto
Se apunta a 63 millones de beneficio bruto en el trimestre de septiembre, subiendo desde 14 millones en el trimestre previo, mientras la pérdida EBITDA acumulada hasta septiembre habría llegado a 2.4 mil millones.
Hay señales de monetización, pero la infraestructura va por delante. Y, como señalan modelos de coste sobre entrenamiento de IA de frontera, la tendencia es que estas cifras sigan creciendo, haciendo que solo unos pocos puedan jugar en esa liga.
También se dice que xAI trabaja con socios como Valor Equity Partners o Apollo Global Management para financiar y provisionar infraestructura mediante esquemas de financiación estructurada.
Eso encaja con una idea que se repite en toda la industria: la IA se parece cada vez más a un negocio de activos. No solo rondas, también deuda y acuerdos de suministro. Eso permite acelerar, pero deja menos margen si los ingresos tardan más de lo esperado.
El caso xAI resume la IA en 2026 con crudeza: competir en modelos es competir en infraestructura. La pregunta no es si una empresa pierde dinero mientras construye, sino si llega al punto en el que esa infraestructura se convierte en ventaja duradera.
Si Macrohard y los agentes avanzados acaban siendo una plataforma útil y rentable, Colossus tendrá sentido como columna vertebral. Si no, quedará como recordatorio de esta época: el futuro de la IA se entrena con silicio y se paga con electricidad.
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